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Culturales

Una obra de teatro cordobesa sobre violencia de género

En el marco del reclamo Ni una Menos, Bulla de lágrimas en ruina llega en segunda función para rescatar de manera sensible y a través de la danza, la realidad de la violencia de género.

Declarada de interés por la Secretaría de Lucha contra la Violencia a la Mujer y Trata de Personas, y con adhesión y beneplácito de la Legislatura de la Provincia de Córdoba, Bulla de lágrimas en ruina tiene su segunda función. ¿La cita? Jueves 20 de octubre a las 22, en Teatro Ciudad de las Artes. La obra es de Ezequiel Rodríguez y Nadia Espíndola. El cuerpo de baile, de Compañía NE. Hablamos con Ezequiel Rodriguez, a cargo de la dirección, concepto y puesta en escena de Bulla, sobre el proceso de creación de la obra.

Después, me siento a escribir y escucho en mis auriculares la reversión que el músico contemporáneo Max Richter hizo de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. No la conocía, pero es la música que eligió Ezequiel Rodríguez para Bulla de Lágrimas en Ruina. La obra que hoy tiene su segunda función combina la danza con la teatralidad para hablar de violencia de género. La música fue un factor clave en la creación de su concepto, me contó Ezequiel hace un rato por teléfono.

Rodríguez es el joven director de la Compañía de danza contemporánea Cortejo Escena, y en esta ocasión fue convocado por Nadia Espíndola, directora de Compañía NE, para dirigir Bulla de Lágrimas en Ruina. Él fue el ideador del fuerte concepto en torno al cual gira la obra, “la diferencia de género definida en términos de inferioridad”. Además, se encargó de dirigir todos los aspectos y proceso de la misma. La coreografía fue una co-creación de Rodríguez y Espíndola.

Bulla de lágrimas en ruina tuvo su estreno en agosto en Teatro Ciudad de las Artes, y hoy jueves 20 de octubre ofrece una segunda función en la misma sala. El proceso de creación de la obra comenzó en 2015, casi 9 meses antes de su estreno. “El primer mes y medio transcurrió con el trabajo individual de dirección. Estuve en casa escuchando música, escribiendo y leyendo, planteando el concepto de la obra”, cuenta Rodríguez.

¿Cómo fue el proceso de trabajo de ese concepto?

Compañía NE está conformada por un cuerpo de seis bailarinas de entre 27 y 25 años formadas en múltiples disciplinas. Ellas fueron mi punto de partida para comenzar a pensar la temática eje de la obra. Me pregunté qué está pasando con las mujeres hoy. En nuestro país, las mujeres están gritando `Ni una Menos´, ´Vivas nos queremos´.

Me decías que la música jugó un rol importante en ese proceso…

La música fue clave. Cuando pienso en violencia de género pienso en lo cíclico de las relaciones que la sufren; en la repetición. Elegí la reversión de Max Richter de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, que describe los estados de las cuatro estaciones. Lo relacioné con los momentos o estadíos que atraviesan las relaciones que padecen violencia de género. Lo que se repite una y otra vez.

¿Qué desafíos significó crear una obra en torno a la violencia de género?

Fue un gran desafío porque es un tema delicado. Desde que le planteé la temática a Nadia (Espíndola), nos planteamos no hacer nada burdo. Mi planteo fue por un lado generar un espacio de reflexión en los espectadores, que pueda continuar cuando cada uno se va del teatro. Y por otro lado, generar un universo poético que también se disfrute en su peso como obra de arte. Quisimos indagar sobre el tema e ir más allá de lo que se ve en los Medios, donde creemos que el tema en algún punto se ha naturalizado.

¿Qué me podés contar del proceso de producción propiamente dicho de Bulla de lágrimas en ruina?

Fueron siete meses de ensayos y montaje de lo coreográfico y lo teatral. Es un proceso largo en relación a los tiempos del teatro comercial, e incluso a lo que se acostumbra en la escena independiente. En esa primera instancia comenzamos trabajando el cuerpo de bailarinas, la dirección, la asistencia de dirección y la vestuarista (Belén Gallardo). Belén participço de todo el proceso y fue bocetando con mucho tiempo de anticipación. Luego, 3 meses antes del estreno de la obra, comenzó a trabajar el equipo de luces, liderado por Javier Guevara, y el escenógrafo Juan Vázquez. Juan le dio la identidad visual a la obra, con un fondo de escenario pintado a mano que es un verdadero trabajo artesanal. Es un orgullo contar con su arte en Bulla.

¿Qué rol tiene el público en el proceso de una obra?

El proceso se completa cuando ingresa el espectador, cuando nos mira y termina de cerrarse. La respuesta del público en el estreno de Bulla fue alucinante. Nosotros amamos la obra, es como un hijo, y ver que el público la valora no sólo desde la temática que plantea sino desde su propuesta poética, es muy emocionante.

¿Cuál es tu sello como director?

La búsqueda de una mixtura entre la danza y el teatro. No puedo concebir la danza sin una puesta teatral. En Bulla de lágrimas en ruina hay una danza abstracta pero con mucha teatralidad, que permite que la gente entienda todo lo que está pasando.

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